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  Sobre Credo de caminos de Antonio Robles   1 Han pasado 10 años desde la primera vez que leí la poesía de Antonio Robles. Al igual, casi 10 años de haber escrito algunas palabras sobre su trabajo. Un niño de esa edad ya puede valerse por sí solo; en una década se forman gustos, se transforma un paisaje. Se derrumba el mundo conocido ante nuestros ojos. En una década puede volverse sobre lo vivido, lo escrito y lo leído para encontrarse con una nueva experiencia. El pasado se vuelve inédito, el tesoro se hace invaluable. 2 El 10 en la cábala es el Árbol de Sefirot, el árbol de la vida que contiene las emanaciones de Dios o la expresión de todo lo creado por la divinidad. Al mismo tiempo el 10 en el tarot es la rueda de la fortuna, el momento en que un ciclo se convierte en otro pero no de un ciclo total, sino más bien de un aspecto de cierta totalidad o experiencia vital. La rueda no avanza del todo porque está truncada en sus rayos por animales, por tótems, por ...
My sad boys, from Bronca City La mayor parte de lo que asumimos como poesía no es más que inercia. Cartuchos lacrimógenos de la intimidad emocional, abstractos algoritmos lingüísticos y superficiales retocados con el matiz de expresión a la venta, completan los opacos remanentes de una búsqueda desesperada de aprobación que ha anulado por completo al poeta. Justificar su condición de ser sensible, y ser llevado en hombros como vocero espiritual de la marcha, ser algo, alguien en la vida, son ahora sus preocupaciones trascendentales. Construye su juicio, su criterio, a partir de las leyes de los Santos Tribunales de la Palabra, besa las manos de los Doctos Sacerdotes del Libro. Sin cuestionar, sin cuestionarse, seguro de saberse elegido indiscutible de la verdad, acepta, dice que sí moviendo la cabeza para engolosinarse con su propia imagen. Se le ha convidado a seguir la cadena de mando y aceptó. Casi toda la palabrería que asumimos pasivamente como poesía, es sólo el coqu...
Antonio Robles: segundo round 1.   Para el visitante de la región central Coro es compleja, entraña pesos fuera de costumbre, tiene como una noche aún más densa, y la gente que es de allá la lleva por dentro todo el día. Habrá que caer en el ridículo terreno del oxímoron, de la hipérbole, del cruce de fuerzas, pecar de arjonismo y tener que hablar de una gente -cuando deja ver parte de eso que cargan todas las personas que he conocido que viven allá y que se ocupan de ir más allá de sobremorir- y decir estupideces de la laya de noche luminosa, densa sequía -el cliché del desierto era inevitable, pero incompleto-; habría que hablar de vigilia mítica y una vaina no sé qué raigal que para nosotros los centrales, tan caribes igual en la sensibilidad, la gritadera y la muerte, se nos hace aún más pesado, antiguo, “que viene de antiguo”. Y claro, Coro es la primera ciudad del continente (y que perdone Dios y el cumanismo me perdone), Coro carga la primera cicatriz, en Coro esa n...