LA POESÍA DE ANTONIO
ROBLES: SABIDURÍA QUE ATRAVIESA EL FUEGO
La
tierra y el agua asociados hacen versos,
un poema
escrito con carne y más fuerte que
el acero
y el granito. A través de la noche infinita,
la
tierra gira hacia una creación desconocida...
Henry
Miller
Existe una literatura que
se ubica en los márgenes de lo literario, que surge en las fronteras del
lenguaje, que se funda en la carne del hombre y busca ser un trozo más de lo
humano, y no sólo un cuento o un poema. Pensamos en obras tan heterodoxas como
las de Henry Miller, Walt Whitman, César Vallejo o Gustavo Pereira. La poesía
de Antonio Robles pertenece a esta familia radical y profundamente
transformadora.
Lo primero que impacta al
leer la poesía de Antonio Robles es la manera magistral como logra conjuntar
los opuestos más disímiles: actores de cine, personajes de comiquitas, jergas
urbanas, lenguaje místico, ciudades de diferentes latitudes. El licuado poético
entrelaza todos estos elementos en unos versos delirantes e irónicos. No obstante, es posible observar algunas
imágenes por donde se fuga el discurso, palabras intensivas que inician una
línea de fuga hacia lo desconocido, por ejemplo la noción del desierto en Laberinto beduino: “En esas horas
eternas en que la / claridad encandila y lloran los huesos / Descubrí el
desierto perdido. / En esas horas eternas en que la / claridad extiende en el
infinito / su forma de cadenas / Descubrí la imagen del beduino que / en
círculo camina en el desierto.”
Podemos pensar que entre
las diversas velocidades y lentitudes que componen esta poesía, el desierto
enuncia también vastedad, lo sin número, y constituye un camino de soledad, que
supone, tal vez, mirar a los ojos el desamparo: “el Sahara, aliento mortal del
viento en el Magreb, / todo entró en mi barroco corazón con / sigilo de
lágrima”.
La poesía de Antonio Robles
nos aproxima a intuiciones, a sensaciones, y por supuesto, el espacio de la
noche será la atmósfera natural de estos textos: oscuridad útero materno, pero
también nido de locura y de violencia. Se trata de una literatura urbana, que
canta en lenguaje profano a los dioses del mundo occidental: el dinero, los
carros, los lujos, pero su palabra no será un refinado artefacto complaciente,
todo lo contrario: “Un poema trinca es un alumbrado cuchillo de doble filo /
cortará por el lado que se toque”, así, su palabra golpeará al lector por
momentos, pero también establecerá cínicos juegos de humor negro:
“Bienaventurados los pobres porque tendrán pasaje / gratis en el tren de los
marginados”.
Asaltantes, mafiosos, luces
de neón, autos veloces, pero también desiertos, guerras del siglo XX, Bruce
Springsteen se mezclarán en un universo alucinante dentro del cual el sujeto
poético ejecuta danzas mortales, experimentos espirituales, pero también
políticos: “Cogerse a la hembra es un derecho natural (sólo en las
inmediaciones del Ártico) / Aquí sobre la línea ecuatorial es un lujo /
Propongo la misión “Hembras para todos”.
Con su extraño y nuevo
lenguaje, Antonio Robles va creando un territorio inédito de visiones, va
territorializando el mundo con la imaginería audaz y poderosa de quien se
siente ciudadano del mundo, de quien no teme desplazarse por todas las
dimensiones del espectro terrestre: “Aspiro a una sociedad extraña de ciencia
ficción donde los gatos / negros son espíritus que rondan adheridos a mi piel
predicando la / más rara y fraterna fe”.
Por Maylen Sosa
Profesora de la UNEFM. Doctorada en Salamanca.
Poeta.
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