El malandreo iluminado en
Callejón X de Antonio Robles.
En un bar de mala muerte empeñaría la palabra y
el verbo que
me queda y me quema
un segundo frente a los ojos de esa fémina
estampa
u n segundo navegando o naufragando en la
eternidad
no me estoy volviendo cursi
a estas alturas no me sale una vaina cursi.
Antonio Robles
Ángel Núñez denomina a la literatura
gauchesca como la producida utilizando el dialecto de los campesinos de las
pampas argentinas en el s. XIX. Este dialecto se encuentra plagado de
neologismos, barbarismos rurales y vulgarismos como una propuesta estética y
social de insolencia frente a la norma culta española de la lengua, lo cual
comprueba no la ausencia de vulgarismos en la lengua, sino su marginación
dentro de la lengua a un nivel institucional que venía de los gramáticos de la
lengua española.
Se trata de una literatura patriótica que se
origina como un apoyo a las gestas independentistas de la época, y que persigue
no sólo liberar a las instituciones, sino liberar también a la lengua —la mayor
de las instituciones— del yugo español. Porque lo que la norma culta
española ha denominado “vulgarismo”, para la literatura popular, como la
gauchesca, de los países hispanoamericanos del s. XIX y principios del s. XX
significa autonomía, identidad nacional, idiosincrasia, como una manera de
proyectarse internacionalmente desde el ámbito criollo. De aquí parte todo
aquel proceso de la literatura fundacional de la nación y el proyecto de nación
para diferenciarse de los demás países del mundo. Esta literatura consiste en
la rehabilitación dentro del sistema literario latinoamericano de una lengua
bastarda, que se opone a la de los hidalgos para la búsqueda desenfadada de
nuestras raíces, de lo propio, de nuestros valores. Como bien advierte Ángel
Rama, citado por Núñez:
Usar el dialecto gaucho es —ha dicho Ángel
Rama—oponer una palabra grosera y desprestigiada al español culto de la
colonia. Es una forma de afirmación liberadora en el plano simbólico (p.
1932-1933)
En Callejón
X no sólo se implantan palabras utilizadas en la delincuencia y el narcotráfico
(“jíbaro”, “ñero”) de esa poesía que intenta ser marginal, sino que se
configuran palabras nuevas, coloquialismos (“alebrestao”, “caleta”) neologismos
marginales también (“Poetric house”), produciendo toda una gama léxica,
fonológica (“Bronca existencial”, “berrinche metafísico”, “ barullo mío”) y
gramatical, con unos códigos propios y autónomos como órgano de lucha y
reivindicación de cierta vitalidad mística de la calle, el denominado
“malandreo iluminado”, construyendo una lengua que, a pesar de ser “poética”,
contenga en sí misma la esencia del ser marginal venezolano alienado, para la
construcción de la “tribu”, de esos pequeños grupos, de esas microscopías
humanas, de esos “chamanes cósmicos que caminan en la oscuridad”, redes
underground de resistencia a ese academicismo de la poesía que pretende
estancarla en las escuelas de letras.
La hipótesis que se manejará en este trabajo
consistirá en ver a la poesía lírica y culta de cierta tradición venezolana
(pensemos en un Rafael Cadenas, por ejemplo en un Alfredo Silva Estrada) como
la lengua española del s. XIX en tiempos de la gauchesca. La poesía
lírica ya como institución instaurada, como lenguaje-fórmula de la poesía y
para la poesía, re-actualización y defensa del lenguaje del diccionario mudo,
de las palabras “caídas” en el olvido. Y por otro lado una poesía enunciada
desde su problematización de propiedad legítima como poesía en sí, cuyo ejemplo
será el libro Callejón X de Antonio
Robles, en donde se analizarán ciertas palabras de uso popular y/o marginal
resemantizadas en el poema como una máquina de sentido que denuncia a la poesía
lírica y culta y a la Academia (que viene a ser casi lo mismo), desde un
contexto marginal e ilegal de la literatura, alegorizado —a través del juego
paródico del lenguaje— en el argot del narcotráfico y la delincuencia.
Tendencia estética-ideológica que llamaremos el malandreo iluminado.
El malandreo
iluminado la escuché decir, por primera vez, al poeta venezolano Joel Rojas
para referirse a dos poetas marginales larenses de la década del 50 y 60 que se
hacían llamar de esta forma: Paracelso Ribas y Canapial de la Cruz, cuyos
textos no han visto la luz hasta nuestros días, de los cuales se conservan
algunos pocos, en parte, por la condición oral y marginal de sus postulados y
enunciados. El objetivo de esta investigación versará en la apropiación y
re-definición del malandreo iluminado,
formulado por primera vez aquí como una categoría estética-ideológica amplia y
abierta para detectar cierta tradición marginal de la poesía venezolana donde
se inscribe el libro Callejón X, de
Antonio Robles, motivo específico de este estudio; como también otros
poetas venezolanos, como Roger Herrera Ribas, autor del poemario Octubre rojo (2006); el mismo Joel
Rojas, autor del poemario Salmo al canto (2007),
nietos proletarios del poeta oriental Rafael José Muñoz, autor del asombroso
libro El círculo de los tres soles (1968)
El malandreo
iluminado, en el caso del poemario de Antonio Robles, consiste en una
tendencia estética-ideológica que integra, de forma compleja, en un solo
sistema poético, la violencia, el tono y la ironía del contexto marginal de la
calle, (el denominado lumpen proletariado), a través de neologismos,
extranjerismos, palabras del dialecto malandrizado del narcotráfico
y el léxico coloquial , con un lenguaje poético místico y profético en
delirio, para denunciar y/o criticar la institución de la poesía, la
academia y la burocracia (la ciudad letrada) ; asumiendo, al mismo
tiempo, la voz poética, una postura romántica y vitalista de chamán y
proletario a la vez, o bien, de vagabundo trascendental que está al
margen de todas las manifestaciones, menos del espíritu.
Con la incursión de todas aquellas palabras
propias del contexto malandro en la poesía como constructo lingüístico,
permite desprenderse violentamente de ese tono poético archi conocido (como por
ejemplo la poesía telúrica), de esa construcción formal del poema que en el
temperamento de sus palabras recuerdan a la poesía vista desde la óptica que
siempre se ha visto desde la academia. Se trata de una desterritorialización de la poesía al contexto de la calle y
su carácter distintivo: la oralidad, como también el traslado del contexto de
la calle a la poesía, a través de una resemantización del léxico marginal del
habla malandra, para crear un espacio poético propio que interroga y
problematiza a la poesía, a la cultura y al poeta. (Distinguirlo del
Chino Valera Mora, en cuanto al léxico)
El mecanismo de esta poesía consiste, en un
principio, en el cambio de significado de las palabras marginales malandras a
través de la figurativización en la poesía. Todorov dice lo siguiente: “El
lenguaje figurado es una especie de almacenamiento potencial en el interior del
lenguaje, mientras que el lenguaje poético es ya una construcción, una
utilización de ese material en bruto” (Todorov, 232). Aun así, veremos
como en Robles se borran las fronteras entre el lenguaje figurado común y el
lenguaje poético, se crea otra forma poética que está al borde de la poesía
misma, sin ser antipoesía (si pensáramos en un Nicanor Parra o en ciertos
poemas de Virgilio Piñera, por ejemplo) Robles crea desde una forma poética
reconocible y autoironizada, la cual se convierte en habla poética denunciando la lengua
poética desde la parodia y la defensa del grito y la blasfemia:
Estás leyendo un pajuo poema
El estigma está en el viento
La poesía es cursi —balurda y aburrida—
Eso es para dormir viejitos
Con ella se acarician el ego burócratas y catedráticos
Universitarios
Las escuelas de letras son morgues y le hacen la autopsia a la poesía
como si fuese un muerto
Yo me voy para Alaska
(…
Estaré cazando renos luminosos en el ártico
Lejos muy lejos la pajúa y cursi poesía
(…)
No estoy
hablando en serio
¿o sí?
(“Sendero
esquimal”, p. 26)
¿De verdad está hablando en serio? Tal vez
eso no importa mucho. Alaska es un símbolo del margen, y en su estructura
profunda es el blanco, la llanura blanca, lo infinito, territorio nuevo y árido
a la vez, aunque suene paradójico, lugar donde sólo crece la luz, territorio
desconocido que se parece mucho a la hoja en blanco: la negación in facto de la escritura, de la
representación sígnica que determina lo que es, desde el lenguaje, un evento
comunicativo. En todo el libro se repiten esos helados lugares inhóspitos
alegoría de lo marginal en la literatura, mitología del retiro ascético de la
poesía que abandona el centro:
Lo que yo
profetizo es el sol de medianoche
El exilio en la
ANTÁRTIDA
(p. 30)
Esta ciudad se
está quemando y yo me congelo por dentro
El mesías se
exilió en la Antártida
(p. 16)
Glaciar ártico
del esquimal.
Sendero
invernal o cueva de GROENLANDIA
(p. 28)
El sendero del esquimal no es otra cosa que
el camino del poeta que sólo desea desaparecer tras las huellas de la poesía,
huyendo de ella, la clandestinidad como signo. “La poesía es cursi”, creo que
no hay nada más coloquial y común —en todo el repertorio lingüístico de la
lengua—para referirse a la poesía despectivamente en su eventual
desconocimiento. El poeta prefiere “irse para Alaska” para dejar de estar
—derrideanamente— en el poema. Esa fuga alegórica a territorios desconocidos e
inexplorados permite un no-poema, un poema que nunca fue escrito como poema, ni
pensado su composición como poema, un poema que se sirve a sí mismo para
desaparecer al fondo de lo que nunca fue forma sino postura combativa. Poema
que recuerda a Charles Bukowski, el gran poeta norteamericano, poeta de la
supervivencia y la lucha, de la calle y la mierda, intertextualidad
permanente en Callejón X, un
horizonte de expectativas de donde debe —y quiere— ser leído Robles:
“existencialista aunque nunca hablaré de JEAN PAUL SARTRE/ prefiero hablar de
CHARLES BUKOWSKI/ no nos hemos hundidos en el libro de la muerte” (p. 38).
“Sendero esquimal” sigue la tradición de ese poema-jamás escrito de Bukowski:
“Un pajarito se posa sobre el cable de electricidad/ luego se posa otro
pajarito / el primero pajarito sale volando el segundo lo sigue/ Y la máquina
de escribir silenciosa como un sepulcro. /Bueno, eso era lo único que quería
decirles, guevones”.
Es por ello que se hace necesario indagar
sobre naturaleza del cambio semántico de las palabras malandras dentro de la
construcción poética de Callejón X.
Ullman destaca la asociación como función principal de este mecanismo:
“Cualesquiera que sean las causas que produzca el cambio, debe haber siempre
alguna conexión, alguna asociación entre el significado nuevo y el viejo. En
unos casos la asociación puede ser lo bastante poderosa para alterar el
significado por sí misma” (p. 238). La palabra trinca, en el habla tiene varias
acepciones, las cuales dependen de las clases sociales. En el contexto narco
resulta un adjetivo que es utilizado a aquella persona que injiere drogas
fuertes (heroína), y por lo tanto genera un respeto, una especie de admiración
melancólica a sus congéneres, porque “él es un duro”, “ese pana es trinca con
la vaina”, que en su estructura profunda establece una condición de invencible
y resistente. Entonces trinca —que no aparece en el Diccionario de dialectismo y venezolanismos de Rocío Núñez— significa fuerte, agresivo, “que no se
deja joder” —en el contexto de la juventud estándar, es decir, no delincuente—
de una actitud reconocida y hasta extraña de enfrentar la vida y los
obstáculos, que es motivo de comentario y exclamación en los demás, pero
generalmente es visto peyorativamente por la opinión general, una actitud vital
que no pertenece a la conducta ideal de alguien, está fuera del estatus de la
personalidad, porque se trata de una condición más que un estado de ánimo, y a
la vez representa —sociolingüísticamente— un cierto prestigio marginal de
alguien que ha vivido emociones y experiencias extremas. Pero en el poema de
Robles “Trinca”, el adjetivo funciona para enunciar un aras poética, un poema
ideal sería un poema trinca, un poema combativo, “abre cancha”, que busca
inmediatamente el enfrentamiento, la ruptura, el descalabro, el desorden, la
masacre, la destrucción como fin último: la iluminación:
Un poema trinca
es un alumbrado cuchillo de doble filo
cortará por el
lado que se toque
Y el poeta
igualmente e desangra escribiendo este tipo de poema.
(p. 35)
No se trata de un “verso ñero”, como diría
el mismo Robles. La palabra ñero es atribuida a esas personas que desconocen
ciertos códigos de la calle, un ñero es alguien ingenuo que es tachado por su
ignorancia con respecto a lo ilegal, es casi lo opuesto a trinca, su antítesis.
Un ñero es aquel que no está enterado del argot malandro, alguien que ni
siquiera sabe que es un ñero. También es usada para las personas que se dejan
estafar por los jíbaros con la mercancía, y no conocen los procedimientos y
mecanismos propios de ese contexto para sobrevivir y ser respetado por el
entorno; igualmente designa a aquellas personas con falta de experiencia, con
exceso de hogar, es una forma hilarante de denominar al burgués. Veamos
la asociación dentro del poema: “que se evapore el verso ñero/ de aquí en
adelante el verbo es un pasaje terrible/ la poesía es un credo”. En ese
procedimiento se advierte el cambio semántico de la siguiente forma, la poesía
sin vida, con falta de experiencia, muerta en su amalgamas de palabras
altisonantes, es una poesía ñera, ingenua, que se deja estafar por la vida
gracias a su ignorancia vital. Ullman afirma en su Semántica:
En este
sentido, la asociación puede considerarse como una consideración necesaria del
cambio semántico (…) La metáfora está tan estrechamente entretejida con
la textura misma del habla humana que ya la hemos encontrado bajo
varios aspectos: como un factor capital de la motivación, como un
artificio expresivo, como una fuente de sinonimia y polisemia, como un escape
para las emociones intensas. (239-240)
La metáfora en Robles permite crear un
puente inalámbrico entre la ilegalidad y la poesía que le permite, de esa
forma, criticar, denunciar y parodiar la poesía en la academia, su lenguaje, y
sus fórmulas, y así fundamentar su propia poética:
Entonces he aquí que un fantasma jíbaro se puso
a caminar por la ciudad
Y diseñó símbolos figuras plegarias naturaleza
Elementos físicos alados
(p. 19)
Así empieza uno de sus poemas: “Hoy amanecí
más jíbaro que nunca” (p. 32). Hablando desde el marxismo, —en un nivel
metaficcional—la circulación de sus poemas —o mejor sería decir, de su
“mensaje” —se establecen en un circuito ex – céntrico de la literatura
académica, el diccionario y las palabras consagradas como poéticas, en un
contexto fuera de la ley, al margen de la ley y contra ella, siguiendo las
hipótesis de Ricardo Piglia sobre propiedad en la literatura. Robles no le
tiembla la mano cuando dice:
Hey quien hace
poesía con pasamontañas
Poemas con
pasamontañas
Poemas para que
no me identifiquen
(…)
Esta poesía se
enmascara
Y que la ley no
me identifique
(p.24)
La poesía que ataca y/o atraca Robles,
encuentra en Rafael Cadenas su principal defensor. Robles sería entonces algo
así como la versión posmoderna del gaucho, por su actitud insolente con el
verso que quiere liberar al lenguaje poético de los amarres de la misma poesía
en defensa de una nación aparentemente ausente, y Rafael Cadenas el
representante inquisidor de la real academia española que defiende la anatomía
del diccionario como cuerpo de la lengua, y en última instancia, de la poesía.
. En su libro ensayístico En torno al
lenguaje advierte:
De una manera general se puede decir que el
venezolano de hoy conoce muy poco su propia lengua. No tiene conciencia del
instrumento que utiliza para expresarse. En su lenguaje, admitámoslo sin muchas
vueltas, se advierte una pobreza alarmante (p.15)
¿Pero cuál es su propia lengua? ¿El
español? La preservación de la lengua apunta en otra dirección menos
visible: a la preservación de la propia poesía, determinada por un lirismo puro
que marcó toda una época en la historia de la poesía venezolana, fundadora,
además, del canon en que se lee la tradición de la poesía en las escuelas de
letras. Cadenas como ensayista —pero en el fondo como poeta que es—está
diciendo que él si conoce la lengua, que su poesía conoce el lenguaje, y así es
como quiere ser leído, como un ecologista del idioma.
La poesía como el equipo de rescate de esas
palabras que han caído en el olvido a través de la evolución del lenguaje en el
registro del habla. Evidentemente un lamentable alejamiento de la sociedad se
hace patente en su poesía, mientras que Robles se acerca a la sociedad de una
forma complicada pero estratégica. Existen dos tipos de prestigio que se oponen
radicalmente en estos dos poetas, el prestigio erudito de Cadenas como poeta, y
el prestigio marginal de Robles, que se vanagloria de ser el más jíbaro, el más
trinca, el más caleta de todos. Robles en su poesía habla la lengua
popular articulada con las figuras y tropos propia de la poesía. Estas
palabras malandras y coloquiales (“jíbaro”, “ñero”, “alebrestao”, “trinca”)
invitan a esos lectores venezolanos, con un lenguaje empobrecido, a leerse
desde la vida, desde su contexto más cercano, el cual se confunde con la
literatura sin casi ser notado. En Robles las “palabras incultas”, permiten
integrar la poesía (arte culto) con la sociedad, una actitud bastante
postmoderna si se quiere. Conciliando los eternos polos de la literatura y la
sociedad venezolana (y latinoamericana): Barbarie y civilización, conciliados
ahora con el contexto de la calle, en vez del llano, como constituía la visión
telúrica-nacionalista de Rómulo Gallegos, por ejemplo. Es por ello que en Robles está presente la estructura de la
oración religiosa, la plegaria, permitiendo penetrar en el poema, neologismos
gringos, actores de cine, una actitud cosmopolita y ensañada. Retoma a Whitman
y se “anti-celebra” a así mismo, cayendo en un narcisismo nihilista
estrambótico con la intención de incluir esa actitud diaspórica muy propia del
arte contemporáneo fundado por Andy Warhol. Aun así Cadenas, ingeniosamente, se
mantiene firme:
Son ya muy conocidas y además innumerables
como para incluirlas en un ensayo que sólo quiere alertar sobre el peligro en
que se encuentra nuestro español, con miras a preservarlo, a evitar que vaya a
volatilizársenos también esta riqueza. El empobrecimiento en que ha ido yendo,
pues empobrecimiento es la palabra que mejor compendia el estado en que se
encuentra (p. 16)
En este se
prefiere responderle a Cadenas con una sentencia de Gal:
Una lengua, sin embargo, es un sistema
virtual no realizable, es decir, que carece de hablantes que le den vida: la
lengua española, el español, no se habla en ninguna parte; es un concepto
teórico, abstracto, más importante por lo que significa que por ninguna otra
cosa: entidad cultural, conciencia grupal nacional o supranacional, cohesión
comunitaria, que une y separa de otros. (Citado por Humberto López Morales,
p.40)
La lengua, según los adelantados de la
lingüística moderna y los estudios de la pragmática la entendemos como un
fenómeno enteramente funcional, es decir, el significado corresponde a su uso,
al contrario de la lingüística tradicional donde la lengua pertenecía a un
sistema estático, a una hiperabstracción inmune al ambiente social. Son los
hablantes los que actualizan el sistema de una lengua y las modifican con sus
variedades dialectales que al igual que la lengua son difíciles de determinar,
continua siendo sistemas virtuales, pero que son variedades reales de la misma
lengua, como dice López Morales: “En cada situación lingüística el hablante
pone a funcionar un estudio específico de un sociolecto” (p. 46). Y esto ocurre
con plenitud y fuerza en Callejón X. Es
por ello que la poesía de Robles es el habla poetizada del ambiente social en
el cual respira. Una poesía fuera de la ley, es decir, a los bordes del
diccionario de la Real Academia Española, al margen del diccionario de los
claustros académicos, que evidencia un dialecto con sus propios códigos y leyes
que disponen de hablantes reales, dentro del contexto narco, en donde existe
una estética de la recepción que Robles se apropia en su poesía para realizar
una crítica política de la poesía, donde
el lirismo ya se ha convertido en las fórmulas de las editoriales y los
premios literarios, en el discurso de la tradición de la poesía en Venezuela,
una poesía en estado de crisis que en el siguiente verso encuentra su síntesis y su fundamento final:
Y también diría
que la verdadera poesía está en agonía
Eso no es nada
nuevo dirán los “letrados”
Pero yo
sospecho que esa eterna agonía la ha salvado de morir.
Daniel Arella
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